lunes, 23 de agosto de 2021

La hermosa cara femenina a cargo del cuidado

 

La hermosa cara femenina a cargo del cuidado


Aún recuerdo el sonido de sus pantuflas sobre el piso de madera. Mi abuela tenía un pie muy pequeño y era muy sigilosa.

 Cuando la recuerdo, en lugar de imágenes específicas o momentos determinantes que compartimos juntas que me vengan a la memoria, más bien siento cosas. La memoria de mi abuelita se encuentra en un ámbito sensorial muy fuerte para mí. Voy a tratar de explicarme mejor.

 El recuerdo de mi abuelita es como una sensación tibia cerca de mi pecho. Es como un gran abrazo, gigante. ¡Y eso que ella era muy pequeñita!

 Cuando la recuerdo, huelo su comida, ¡era deliciosa! Cuando pienso en ella escucho esos piecitos incansables moviéndose por toda la casa, recogiendo la ropa sucia, arreglando los uniformes de la escuela de algunos de sus nietos, lavando trastos, barriendo… haciendo.

 Era muy sigilosa. Casi no hablaba. Nunca la escuché regañar. Nunca se sentaba. No tenía tiempo para conversar.

 Recuerdo que siempre me recibía contenta, me daba comida y me alistaba alimento para llevar, en tarritos de mantequilla.

 Ahora que soy una mujer grande, y que ella ya no está, comprendo que a me corresponde a mí misma, como su nieta, visibilizarla. Visibilizar los recuerdos, los momentos, las memorias. Hacerlo yo, para mí, pero también para las nuevas generaciones.

 En todas las casas se hace el trabajo que se hacía en la casa de mis abuelos. Lavar la ropa, los trastos, atender hijos y nietos, mascotas, alimentar, cuidar de otros… y se asume que estas tareas se realizan de forma casi automática, de manera natural, de forma invisible. Pero no. Detrás de estas tareas hay un rostro…unas manos… un tiempo invertido.

Se asume que cada familia resuelve estas tareas como pueda y en general se soluciona con el tiempo de las mujeres. Con el tiempo de mi abuelita. Es un asunto íntimo, privado… del que apenas estamos empezando a conversar las nuevas generaciones.

 Hoy día se critica a las generaciones jóvenes, se les llama “ninis” porque no estudian ni trabajan. Sin embargo, también se ha evidenciado que 3 de cada 4 personas jóvenes que no trabajan ni estudian son mujeres, que están a cargo de los oficios de la casa y de los cuidados de sus hermanos menores.

 Mi abuelita me enseñó el hermoso rostro del cuidado. Me enseñó que detrás del cuidado hay AMOR. Así, en mayúscula. Y que se reciben muchas gratificaciones. Pero esto no quita el hecho que es trabajo. Es tiempo. Y no es remunerado.

 Abuelita hoy reconozco tu trabajo. Te reconozco de mujer a mujer. Te veo. Abuelita te extraño, extraño tu comida, tus chineos… Pero, sobre todo, lamento no haber conocido más detalles de tu historia, de tus gustos, preferencias y aquello que te hacía sonreír. Casi casi puedo escuchar tu voz nerviosa pensando que ¡qué ocurrencias las mías! Que lo que más te traía felicidad era servir, cuidar, ayudar. Y te lo agradezco infinitamente. Pero abuelita… mis pasos hacen un poquito más de ruido y yo me quejo y yo exijo compartir esas tareas, detrás de ellas está el amor, pero son tan grandes que requieren de dos, de tres, de toda la familia… requieren que se involucren no solo los abuelos, o las abuelitas como tú o las mamás como yo, sino todas las generaciones.




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